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martes, 8 de octubre de 2024

El mundo entero ha conocido lo que que era vox populi en Bolivia

 

El mundo entero ha conocido en los últimos días algo que era vox populi para los bolivianos, la afición del señor Evo Morales por las jovencitas, incluyendo en no pocos casos las menores de edad. Un secreto a voces dentro de las fronteras nacionales la noticia se volvió global así como las reacciones de censura y desaprobación, con obviamente excepciones como la del grupo de puebla que sin rubor ni vergüenza declaró que se trataba de un caso de “Lawfare” (guerra judicial políticamente motivada) a lo que el foro de Madrid respondió diciendo que el primero “avala delitos de pedofilia y trata y tráfico”

En Bolivia, el Código Penal establece que cualquier persona que tenga relaciones sexuales con un menor de 18 años, aprovechándose de una situación de superioridad o dependencia, comete el delito de “estupro”. Este delito está regulado en el artículo 309 del Código Penal boliviano y se considera un crimen en casos donde la persona mayor tiene una relación de poder o influencia sobre la menor, con penas de hasta 6 años de prisión. Adicionalmente, si se comprueba que la víctima era menor de 14 años, el acto se clasificaría como violación, un delito más grave con penas de hasta 20 años de prisión, según el artículo 308 del mismo código.

Morales no ha negado formalmente las acusaciones, después de todo el mismo expreso su deseo de retirarse al Chapare “con una quinceañera” y bromeó que cuando el “va a los pueblos, quedan todas las mujeres embarazadas y en sus barrigas dice Evo Cumple" entre muchas otras expresiones de machismo y humor mal entendido.

El acusado no puede desmentir las denuncias puesto que existen una infinidad de indicios, fotos, certificados de nacimiento, videos, hijos reconocidos y no reconocidos entre otras evidencias de su comportamiento, el de un hombre público que no se casó, reconoció a duras penas y luego de presiones políticas a algunos de sus hijos y a quien no se le conoce una relación estable con ninguna pareja.

Lejos de rechazar las acusaciones las huestes del ex mandatario amenazan con acabar con el gobierno en funciones si “tocan a Evo Morales” como lo hizo el ex ministro Juan Ramon Quintana en su momento sindicado de varios casos de asesinato y corrupción, igualmente impune hasta hoy, así como los productores de coca para cocaína del Chapare  que amenazan a militares y policías en caso de que se lo lleve ante la justicia.

Lo que ha generado igual polémica es la reacción de ciertos sectores de la prensa, cuando a pesar de la gravedad de las denuncias, algunos de ellos continuaron entrevistando a Morales sin cuestionarlo. En diversas entrevistas, Morales fue invitado como figura política clave, pero pocos periodistas mencionaron las acusaciones o indagaron sobre el tema. Esta falta de rigor ha sido ampliamente criticada tanto dentro como fuera de Bolivia, donde algunas organizaciones periodísticas han señalado que se está permitiendo la impunidad y una normalización de la supuesta conducta del exmandatario.

Para algunos, esto refleja una parcialidad hacia Morales, mientras que otros creen que los medios confeccionan sus agendas en base a la pauta de publicidad estatal o las presiones y extorsiones del oficialismo.. Esta respuesta de la prensa ha sido interpretada por muchos como una falta de compromiso con los derechos de las víctimas y una omisión de su responsabilidad de informar con objetividad.

El caso de Evo Morales permanece sin resolver y continúa siendo motivo de indignación pública, especialmente en el contexto de la legislación boliviana, que establece protecciones claras para los menores de edad. La falta de respuestas y de una cobertura crítica en ciertos medios ha dejado en evidencia una disonancia entre algunos sectores de la prensa y la demanda popular de justicia y transparencia.

lunes, 19 de abril de 2010

El Presidente y la Periodista

Por alguna razón, digna de un análisis de sicología colectiva, sectores de la sociedad boliviana han acabado por aceptar, presumiblemente con una mezcla de rabia e impotencia, pero en silencio al fin, la sistemáticas agresiones prepotentes por parte del Presidente de la República. Desde antes de convertirse en Jefe de Estado, pero sin cambios desde que se convirtió en Primer Mandatario, Evo Morales insulta, descalifica, humilla, ofende e insulta en forma soez y desmedida, incluso cuando está llamando al diálogo a sus interlocutores.

Sus referencias misóginas, burlonas y peyorativas hacia la mujer, han sido recurrentes y la última agresión a una periodista de un canal de televisión no es la primera, ni en contra de la periodista enb cuestion, ni en contra de otros periodistas. A tal punto se ha banalizado su estilo, que la supuesta homosexualidad del Vicepresidente de la República es también uno de sus objetos de burla preferidos, insinuaciones que el aludido, por lo que se ha visto en reiteradas oportunidades, acoge con una gran sonrisa.

Desconcertante, viniendo no sólo de la primera autoridad de lo que queda del Estado boliviano, sino de alguien que no representa precisamente un modelo de virtud familiar, y que inclusive tuvo problemas de reconocimiento de paternidad y se negó a pagar pensiones familiares, delitos por los que el boliviano común corre riesgo de cárcel y que los medios que tanto critica trataron con lo que se podría calificar desde benevolencia hasta negligencia.

Más que la violencia y los muertos de los enfrentamientos, en los cuales es personal y directamente corresponsable, antes y después de llegar al gobierno, este último incidente pinta al hombre de cuerpo entero. Hacer gala de su descontrol para, desde su posición, espetar que ´él también puede ofender´, aclaración absolutamente innecesaria puesto que lo ha hecho cientos de veces, y arremeter contra los eventuales aspectos de la vida privada de la periodista, sólo desnuda su inmadurez y falta de hombría de bien.

Si bien el hecho motivó la censura de hombres y mujeres de la prensa nacional, no deja de ser sorprendente el silencio absoluto de las supuestas defensoras de la causa de género en el seno de este ´revolucionario´ proyecto político. El mismo mutismo del que hicieron gala cuando el Presidente de Irán vino a Bolivia y se negó a estrecharles la mano. Ello evidencia el indesmentible retroceso e involución de la causa de la igualdad de género en estos tiempos de incertidumbre. Tiempos de un cinismo sin fin en los que se manda a publicar un adefesio constitucional casi ilegible por su redacción, en femenino y masculino (las/los); pero, a la primera de cambio, la cabeza del proyecto atenta abusivamente contra la dignidad de una periodista haciendo su trabajo.