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martes, 3 de septiembre de 2024

¿Unidad que resta o división que suma ?

 

Los bolivianos somos afectos a buscar, y tener la impresión de encontrar, panaceas para todos nuestros problemas. Estamos convencidos que si linchamos a una presidente política e incluso físicamente, todo se solucionará. Para acabar con nuestro sub desarrollo, recuperar el mar era la solución. ¿No funcionan los partidos políticos ? ¡La bala de la plata son las agrupaciones ciudadanas! ¿ La economía  no satisface las expectativas? Los unos plantean estatizarlo todo y los otros privatizar hasta la presidencia. Que decir de las virtudes del federalismo para algunos. Gracias a él, si los escuchamos, tendremos un salto cuántico hacia la concreción de la perfección divina hecha organización política.

Algo comparable sucede con la idea de la unidad político electoral en primera vuelta. Para ganarle al MAS el único camino es la unidad, no importa con quienes, a qué precio, ni en qué condiciones. Lo UNICO que importa es que se concrete todo alrededor de una sola persona, cuyas virtudes y defectos son completamente irrelevantes si es que alguna encuesta o votación virtual  lo ha ubicado como quien encarne la unidad opositora.

Apenas se atreve hablar alguien de opciones consideradas "chicas" no le salta el MAS, lo hacen los `propios "opositores" diciendo que "como se atreve, que no tiene posibilidades, que hay que unirse etc.. Así, Jesucristo podría ser candidato, pero Satanás le ganaría porque "hay que unirse"… De todas las panaceas, el ideal de la unidad opositora antes de la primera vuelta es algo que todos los integrantes de las oposiciones, con no poca hipocresía, señalan ser su prioridad. Los unos agitan este objetivo por que creen que la dichosa unidad se realizara alrededor de ellos, y otros lo hacen por no salirse del área de confort que brinda la hipocresía políticamente correcta.

La unidad así entendida  parte del supuesto  de que en política dos mas dos son cuatro o hasta cinco cuando en realidad dos mas dos pueden sumar tres o menos. 

Como lo señala el periodista Raúl Peñaranda en un artículo bajo el título de “la innecesaria candidatura única de la oposición” el concentrar las fuerzas en una sola persona garantiza únicamente que esta sea el blanco fácil de las agresiones oficialistas como ocurrió con María Corina Machado y en ningún caso garantiza el triunfo puesto que implica eliminar todos los huevos para poner uno solo en la canasta, con su obvia vulnerabilidad, como también ocurrió en México.

Significa además marginar a indecisos y masistas arrepentidos en 1 era vuelta ya que estos se mostrarían escépticos de apoyar a un candidato cuyo único atributo seria su anti masismo.

En Bolivia una buena parte de la militancia y de los simpatizantes de partidos y candidatos se mueven en base a un cálculo utilitarista que básicamente se basa en las posibilidades de obtener un empleo, granjería o situación de privilegio con el ganador. Por otro lado, los que no obedecen a esta lógica y votan por razones de simpatía personal o afinidad ideológica pueden perfectamente encontrar indigesto o hasta imposible votar por quien esta en el otro extremo de lo que siempre defendieron, por mucha apariencia de antimasista que este tenga.

En ambos casos, la unidad en primera vuelta restará, no sumará, sobre todo si es impuesta, forzada y sin debate y competencia previa. Los unitaristas parten sin embargo de la base de que no importa que en ella cohabiten izquierdistas, derechistas, demócratas, o autoritarios corruptos u honrados liberales o socialistas, funcionales y genuinos, no importa que se crucen no solo ríos sino mares de sangre, diferencias y distancias, lo único que importa es que haya un solo candidato.

Esta pone paradójicamente la evaluación de las luces y sombras de los pre candidatos en segundo o tercer lugar. Lo único que cuenta es que haya un candidato no importa quien sea, sus convicciones o cuales sus antecedentes, valores o principios. Por lo tanto, no hay verdadero debate, como ya tenemos candidato único, que importan la economía, las propuestas, los temas, el liberalismo o el socialismo, lo único que importa es que ya tenemos un candidato. La confrontación de ideas o la evaluación de conocimientos pasa a ser secundaria, accesoria y hasta irrelevante.

La no aceptación de la unidad mecánica conlleva el enojo feroz e irracional de los unitaristas que descalifican con furia a quien se atreva a decir que no está de acuerdo con la unidad no debatida y desde antes de la primera vuelta.  Es en realidad, el argumento descalificatorio mas contundente contra un opositor, no importan sus antecedentes, calidad intrínseca como candidato o persona, al no dar su apoyo a la unidad eso lo convierte, mas que en un adversario, en un traidor.

No importa como en el caso de un ex presidente que muchos digan que es “el mejor candidato” pero al no apoyar la unidad sin condiciones queda fuera del proceso ipso facto, ni se evalúan sus propuestas o atributos. En 2019 el elegido de la “unidad” y su partido no hicieron ni control electoral, ni en rigor esfuerzo algún para seducir a sus potenciales aliados, despreciándolos. En realidad, algunos dirían que hicieron una campaña cómoda y que en el fondo no querían ganar. Sin embargo, las encuestas dicen que de nuevo va primero, a su vez este, sabedor de que esa situación le asegura supuestamente el apoyo de todos, ya no hace ningún esfuerzo.

La unidad fanatizada e impuesta da la idea de que en Bolivia el MAS nos quitó no solo todos nuestros recursos y nuestra democracia sino también nuestras identidades políticas e ideológicas, los recorridos colectivos e individuales que hacen a una identidad política, hasta nuestra personalidad, todo deben borrarse o pasar a ser accesorios, para apoyar a un solo candidato.

De esta forma la oposición queda realmente dividida, los nobles y buenos defensores de la unidad no importa alrededor de que sino solo de quien y los mezquinos y egoístas, individualistas y ciegos propugnadores de que, por lo menos en la 1 era vuelta cada uno diga lo que tiene que decir. Pero más allá de eso queda silenciada, reducida a ser parte de un adefesio en el que no hay lugar para las pasiones ni convicciones, los debates ni las propuestas, mas aun si el “elegido” como sucedió la ultima vez, en realidad no muestra intención  alguna de considerar a todos en forma proactiva y por lo tanto desmotiva a muchos de sus eventuales adherentes.

El escenario tiene entonces a un MAS dividido y a una oposición mucho mas que dividida, desmotivada, con una parte vaciada de su espíritu y razón de ser, como soldados desanimados que ignoran el sentido del combate, conminados a luchar siguiendo a quien no dice por dónde, con qué y hacia dónde quiere llegar.  

El único camino para construir un proceso de unidad y concertación opositora pasa por empezar no por “alrededor de quien” sino alrededor de “que” es decir el conjunto de propuestas ideas y visiones que encarna las diferentes personalidades deben necesariamente pasar por un debate en profundidad y una compulsa que excluya a las encuestas como proceso dirimidor.  Las selecciones finales de candidatos debieran hipotéticamente   realizarse en primarias cuyo problema central es quien las financiaría y como se garantizaría la imparcialidad y consistencia de quienes las administren.

Por último, hablar de unidad o de división sin asegurarse que se haya cambiado totalmente las posibilidades de reedición del fraude, que se cuente con un padrón confiable para todos y que el estado no sea del uso y abuso del partido oficialista es una tarea básica sin la cual todo participación unitaria o atomizada carece de sentido.

Es absolutamente inconcebible que dado el estado actual de la economía y la polarización de los 2 sectores masistas estos puedan alcanzar el 40 % de los votos sin fraude y manipulación. Queda por saber si la oposición priorizará la denuncia de ese estado de cosas o ira sumisa al fraude.

Lo propio con la no priorización de un control electoral real, organizado y financiado, una tarea de envergadura que necesariamente tiene que ser llevada cabo con la debida anticipación y logística, en forma concienzuda y seria, el ejemplo de Venezuela no necesita de mayores ahondamientos.

Si no se cumple este recorrido estratégico a lo único que iremos unidos es a un nuevo fraude electoral y al matadero político, no solo perdiendo la elección, sino también la dignidad.

lunes, 10 de agosto de 2020

Carta abierta a la Presidente Jeanine Añez

La Paz, 6 de agosto de 2020            

Señora                                                                                  

Jeanine Añez

Presidente Constitucional Interina

Presente.-

 

Excelentísima señora Presidente  :

Me dirijo públicamente a su autoridad con el objeto de hacerle conocer mi criterio personal e institucional sobre la actual coyuntura  y específicamente sobre las elecciones y su candidatura a la presidencia.

De confirmarse la misma se convertiría usted en el segundo presidente de este siglo en candidatear a la presidencia estando en funciones. El otro fue Evo Morales Ayma. Durante el siglo pasado un solo caso excepcional confirma la regla, el de la reelección inmediata de 1964 que como es de su conocimiento, sumió al país en 18 años de autoritarismo con episódicos  paréntesis democráticos.

De las 19 constituciones bolivianas, 13 prohibían la reelección inmediata y en nuestra turbulenta historia la reelección inmediata es un fantasma que se ha presentado en innumerables oportunidades pero que los bolivianos creíamos ya derrotado hasta la constitución de 2009, hecha a la medida y con los métodos de Evo Morales, sobre los muertos de la Calancha y con las conocidas anomalías que una constitución aprobada en un cuartel puede adolecer.

Es por eso señora Presidente que cuando Ud. asumió la presidencia en noviembre de 2019 fuimos millones los que apoyamos con entusiasmo el inicio de su gestión y las perspectivas de revertir el nefasto legado del masismo en lo económico e institucional pero sobre todo en lo moral y ético.

Requerida su opinión sobre la postulación, negó Ud. tres veces la posibilidad de, en sus propias palabras, “aprovecharse”.

 Esto fue lo que usted  dijo  : "Lo que particularmente yo quiero es cumplir con Bolivia, no estar aprovechándome de una situación y decir, ¡ah yo también podría ser candidato y me aprovecharé de eso!, porque creo que sería deshonesto “ (Página 7)  "Por ahí dicen que yo estaba buscando candidaturas es una especulación de muy mal gusto porque yo de mi boca ni en mi pensamiento lo pensé, no sería honesto “ (Red Uno) y “Yo no tengo ningún cálculo político y creo que esa es una bendición para mí, no decir: ‘voy a sacar rédito de toda esta etapa que me está tocando vivir como Presidenta’, no” (PAT, No mentiras)

Personalmente debo decir que le creí cuando la escuche pronunciar estos enfáticos y en un par de casos, llorosos desmentidos. Le creí porque es obvio que la misión de quienes resistimos durante 14 años al masismo es demostrar que se puede construir una nueva Bolivia en base no solo a la institucionalidad sino a la coherencia y a la integridad.

 Estábamos todos hartos del nivel de descaro y cinismo que caracterizó a Morales, Linera y sus adláteres y veíamos en Ud. la encarnación de un renacimiento moral, la idea de que la política, aunque tan desafiante, puede ser habitada por personas con principios y palabra.

Pero el problema no se limita a que Ud. dijo eso e hizo otra cosa, sino que con esto está usted poniendo en tela de juicio  la lucha de 14 años, y dándole a Evo Morales y el MAS, una excelente noticia  porque  su decisión, en palabras del ex presidente Jorge Tuto  Quiroga “normaliza y valida sus prácticas prorroguistas, además que los blinda de rendir cuentas ante la justicia por 14 años de latrocinio, corrupción y violencia. Una administración transitoria, con respaldo externo e interno, puede denunciar y acusar al MÁS por sus actos dolosos. Un gobierno en campaña pierde la legitimidad y el respaldo para procesar contrincantes, por grotescos que hubiesen sido sus actos dolosos. El candidato Arce, el mismo Evo, y sus acólitos, tendrán ahora más impunidad que la que buscaban mediante ley.”

No se ha dado inicio a los proceso de investigación de los crímenes de lesa humanidad y de las violaciones a los derechos humanos de más de  una década y mucho menos a las   auditorias jurídico financieras y administrativas  de los 14 años más corruptos de nuestra historia.

Ni siquiera se ha dignado Ud.  Revertir algunas de las medidas más espectacularmente atroces de la era de Evo Morales como el DS 23973 que, al autorizar las “quemas controladas” posibilitó los mortíferos incendios de la Chiquitania boliviana, los más devastadores de toda nuestra historia.

“En lo económico la bonanza es solo un recuerdo, el gasto público se desbocó, las reservas internacionales monetarias están declinando, y el déficit fiscal es el más alto de la región, exceptuando Venezuela.  A un gobierno de transición no se le exigiría que atienda estos problemas pero al estar en campaña, toda decisión económica tiene el interés de su candidatura y no el de la nación como prioridad.”

De hecho, a pesar de la crisis, no se iniciado un proceso de reducción del gasto público y 6 meses después de su llegada al gobierno es razonable especular que más de dos tercios de las instituciones siguen administradas por los que durante 14 años no tuvieron ni Dios ni ley y no se ha iniciado siquiera el recuento de los daños, ni de los robos.

Todo esto  señora Presidente,  es extraordinariamente preocupante y grave en sí mismo. Si a estos elementos le agregamos el inédito y gigantesco desafío de la administración del estado en épocas de pandemia, realmente es difícil encontrar las palabras para calificar el cepo político, jurídico, económico y hasta  existencial que Ud. se colocado así misma al proclamarse candidata.

Ser simultáneamente jefa de gobierno y candidata, obviamente le resta fuerza, liderazgo y norte  a ambos roles y le hace parecer  cada vez más como un  instrumento de su entorno, los únicos beneficiados de este incordio y los que, presumiblemente, son los que presionaron su decisión e impiden la retire.

Esto es lo que el señor Samuel Doria Medina, que se desempeña hoy como un vocero informal del gobierno, con autoridad pero sin responsabilidad, dijo de su candidatura antes de ser el mismo propuesto como aspirante a vice presidente :  “Me opongo a la reelección porque cuando los gobernantes van a una elección usan los recursos del Estado para su candidatura, ya estamos viendo en la propaganda aparentemente sobre las obras del gobierno, pero que en realidad son parte de la campaña de Jeanine Añez, eso me hace recuerdo de lo que veíamos de Evo Morales”. (Página siete), llamando incluso a “defender la democracia” y calificando la relección de “maldición” (Correo del Sur)

Qué clase de autoridad moral puede tener una persona, Señora presidente, que censura determinada acción pero si invitado a sumarse a la misma la aplaude, y asume la posición contraria, no por un legítimo y fundamentado cambio de opinión sino por mero interés personal, ni siquiera con algún grado de representatividad  de algo o alguien sino solo por conveniencia individual, es como quien censure el robo pero si le dan parte del botín lo aplaude!

El sistema político colapsó a principios de siglo, entre otras cosas por ese tipo de incoherencias e inconsecuencias. Porque la política no puede ser una acto de bufonería, ya que ello conlleva el descredito del sistema y eso trae como resultado el socavamiento institucional, la violencia y el ascenso de populistas demagogos como Evo Morales y Álvaro García.

La reelección inmediata  suele atentar contra los principios de igualdad, equidad e integridad en la contienda electoral, al dar lugar a un ventajismo indebido a favor del presidente en funciones, en desmedro de los demás candidatos y es lo que vimos en todos los ámbitos durante 14 años y en contra de lo cual el pueblo boliviano se rebeló. Es más, la reelección ha sido en nuestro país y en América latina el camino más seguro al enfrentamiento, la violencia y al retroceso institucional.

Si persiste en su intención,. Señora Presidente, el que habrá ganado, independientemente de los resultados electorales, es Evo Morales Ayma. Habrá quedado claro que el cinismo, la viveza criolla, la falta de auto control, la miseria política  y la falta de valores están intrínseca e inexorablemente  ligados a la actividad política.

Usted, en vez de pasar a la historia como quien valientemente presidio elecciones imparciales como su antecesora Lidia Gueiler, será el objeto de ataques justificados e  injustificados, de fiscalización masiva, disconformidad absoluta y crítica despiadada. Ni Usted ni Bolivia se lo merecen.

Cuando no se han cumplido ni 9 meses de su posesión como presidente interina la única criatura que parece dar signos de querer renacer es la de grupos corporativos afines al MAS que en este aniversario patrio vuelven a recurrir al bloqueo inmisericorde incluyendo el de insumos médicos  como el oxígeno en pandemia, están dinamitando carreteras y destruyendo la convivencia civilizada.

Hasta hoy son pocas las iniciativas que su gobierno ha tomado para revertir los avances de estos forajidos asesinos irracionales. Pero de todas las cosas que podría hacer, está claro que renunciar a una candidatura inadecuada  y convocar a un gobierno de unidad nacional es la que le haría entrar por la puerta grande de la Historia y concitaría , en bien de su gobierno, su persona  y de la democracia boliviana el mayor apoyo nacional e internacional y el reconocimiento de las generaciones  presentes y futuras.

Reciba usted, Sra. Presidente, la expresión de mis mejores consideraciones

                                                                       

 

Luis Eduardo Siles Pérez

      Jefe Nacional

             MNR

 

 

jueves, 28 de mayo de 2020

Pudo ser Lidia pero parece que va camino a ser emula de Evo


En medio de la pandemia las elecciones han sido postergadas para una fecha aún no muy precisa. La Paz social que aparentemente existe es solo una ilusión provocada por la cuarentena, no se debería apostar a que durará indefinidamente. Nunca es tarde para restituir la ética y la decencia a un proceso político. ¿No será el momento en que la Señora Jeanine decline su candidatura y convoque a un gobierno de unidad nacional para fijar prioridades para el resto de su gestión?

Las semejanzas entre Jeanine Añez y su gobierno con Evo Morales son cada día más evidentes, lo que ha llevado a un fin de la luna de miel que, como todo gobierno novel, mantenía con la mayoría ciudadana. Lejos de alegrarnos, esto nos preocupa. ¿No era ella la que iba a representar un gobierno distinto, una verdadero cambio poco menos que de era?

Cuando asumió, la mayoría sentimos una bocanada de aire fresco que nos hizo dar por derrotado un estilo de gobierno cargado de corrupción, amedrentamiento, narcotráfico, toma del sistema judicial y electoral y de todos los desaciertos que mancharon nuestro país durante 14 años. Ella simbolizaba el comienzo una etapa de transición que nos llevaría a alturas iluminadas después de años de oscuridad. Fuimos muchos los que participamos en la lucha por recuperar la democracia y la expectativa y optimismo eran  grandes.

Cuando llegó a la silla presidencial insistí que ella debía de cumplir la labor de Lidia Gueiler, una etapa de transición, convocar a elecciones y asegurar la pacificación, una oportunidad para quien tenga genuinos valores espirituales. De haber imitado a quien fuera la segunda presidente mujer de América, hubiese acumulado un capital político mayúsculo y asegurado su presencia en las lides políticas con respeto nacional e internacional por mucho tiempo. Pero con tristeza, hoy por hoy da la impresión de que  de tener la posibilidad de ser  Lidia, Jeanine parece estar en camino en pasar a la historia como una emula de Morales.

Pese a haber prometido varias veces que no sería candidata, Jeanine Añez faltó a su compromiso y pasó a ser simultáneamente presidenta y candidata.  De confirmarse la misma se convertirá en el segundo presidente de este siglo en candidatear a la presidencia estando en funciones. El otro fue Evo Morales Ayma.

El expresidente alegaba que lo discriminaban por  indígena, el  entorno de la Sra. Añez  se encarga de victimizarla por ser mujer, respondiendo a las críticas señalando el inveterado carácter misógino de quien las haga. Morales utilizaba ritos pre hispánicos para poner un sello de espiritualidad “indígena y ancestral”, al mismo tiempo que abogaba por el laicismo. Añez, por su lado, no era especialmente conocida por religiosidad, pero  utilizó durante sus apariciones la Biblia como  símbolo y hasta el ayuno como solución.

Sus ministros y hasta su familia utilizaron aviones oficiales para asistir a eventos violando la cuarentena emulando así uno de las costumbres más criticadas de Morales que iba en helicóptero las 30 cuadras que separan la residencia presidencial a palacio.

Los viernes se distribuye una edición gratuita del periódico Bolivia (antes Cambio), cuando los diarios del país atraviesan una de las peores crisis debido a la cuarentena. La Asociación Nacional de Prensa califico esto como competencia desleal y decenas de firmas del gremio  enviaron una carta pidiendo ayuda. Hasta hoy no se conoce una respuesta. Al igual que lo era el pasquín Cambio, el vocero oficialista de hoy solo realiza loas y zalamerías al poder con muy poca critica o investigación.

La Sra. Añez solo aparece en televisión para anunciar bonos y otras “buenas noticias”, un paso más allá de Evo Morales que cuando era confrontado a algún tema álgido alegaba “desconocimiento “, ella sencillamente no los toca.

Comparablemente al gobierno del MAS en el que había información reservada, hoy en día solo existe información parcial sobre los contagios, fallecidos y recuperados de la pandemia pero escasamente sobre los insumos médicos, el destino de las donaciones o en definitiva, datos concretos sobre las tendencias que goce de credibilidad oficial.

Se avecina una descomunal crisis económica, la Señora Añez ya dispuso ingentes cantidades de dinero contrayendo deuda para repartir efectivo a una gran parte del país, lo que era una necesidad inaplazable dada la pandemia. Tampoco ha abrogado el decreto 3973 que  permitió las “quemas controladas” y que fue el origen de los dantescos incendios de la Chiquitania en 2019 en el que se perdió un millón de hectáreas de bosques y miles de millones de animales se quemaron vivos.

Sin intentar abrir el debate, la presidenta aprobó entre gallos y medianoche, el Decreto 4232, que acelera el proceso para que en Bolivia se trabaje con semillas transgénicas irrespetando lo explícitamente establecido en la Constitución. En los últimos días intentó poner en vigencia muy cuestionadas restricciones a la libertad de expresión, después retrocedió solo para enredarse en un confuso episodio sobre respiradores y su utilidad.

La Presidente y su partido debieran recapacitar sobre la pertinencia de su candidatura.

 

 

 


miércoles, 8 de febrero de 2017

El Imprescindible entronque

En el abigarrado  escenario político actual, tapizado de lo que los voceros de Trump han bautizado como “hechos alternativos” eufemismo para manipulación populista a escala global, lo concreto es que oficialismo y oposición se han desgastado prácticamente al mismo ritmo. El MAS  en vías de ser enterrado por las “1000 maneras   de robar” que se le achacan con amplísima variedad de indicios así como la puesta en evidencia de las galácticas contradicciones entre lo que hace y lo que dice,  sucumbe bajo la corrupción e inmoralidad y  la revelación de su manipulación de lo medio ambiental y de lo “indígena“, categoría construida solo para su utilización electorera. 

La oposición parlamentaria, por su parte, lleva el mismo tiempo que el MAS hundiéndose en sus limitaciones, contradicciones y miserias. Con heroicas excepciones  individuales, la oposición divagó entre intentos de unidad y razones para la división, fue desde avalar la constitución de la Calancha hasta apoyar el referéndum revocatorio y después hacerse las víctimas. 

Entre Tuto el viajero y Doria Medina el “perseguido político” que invierte 40 millones de dólares en el país en el que lo persigue lo que reina aquí es la ausencia de proyecto, la falta de  sinceridad e integridad. Casi sin darse cuenta la oposición ha pasado a ser parte de la farsa oficialista y el oficialismo se solaza al mirarse en un espejo tan patético.  Mezcla de una anciano chiflado que oficia de alcalde, un millonario que ofende a los verdaderos perseguidos políticos, dos  ex vice presidentes con la reputación de haber traicionado a quienes los promovieron,  artífices de lo que dicen  combatir y un ex prefecto convertido en hipotético futuro alcalde,  las cabezas de la oposición son el reflejo de la falta de capacidad genuinamente política y de espíritu nacional.

Al margen de esta patética dicotomía, minimizados en un mundo en lo que se valora es lo no genuino y se rechaza lo auténtico,  las corrientes nacionalistas, las kataristas, las genuinamente comprometidas con el medio ambiente y en el fondo las del país real. La nación que debate sobre la necesidad de estudiar el pasado con objetividad pero que se preocupa sobre el futuro y lo que quedara cuando haya concluido la oscura noche masista.

El Katarismo y el MNR están entrelazados en esencia y espíritu más allá de las etiquetas y reivindicaciones en todos y cada uno de los pasos de la gesta de la revolución nacional. Katari vistió terno y corbata en 1952 de la misma manera que el cholaje movimientista se reivindica hoy aymara y quechua. El voto universal, la reforma agraria y la transformación educativa de 1953 son la expresión más lograda de la combinación de visiones kataristas, nacionalista y revolucionarias, son la suma de anhelos logrados combinado fraternalmente la convicción de un futuro mejor.

El MNR y el Katarismo  demostraron con la reforma educativa de 1994   y los cambios a la constitución del mismo año, en la que se incluyó el reconocimiento al carácter multiétnico y pluricultural de la nación así como de los derechos económicos sociales y culturales de los pueblos de Bolivia  como las tierras comunitarias de origen, la potencial sinergia de esa suma de fuerzas.
Pero fue sobre todo a  través de la Ley de participación popular que la visión nacionalista  revolucionaria  y katarista logró resultados estructurales que cambiaron a Bolivia para siempre, obteniendo avances inconmensurablemente  más significativos que todos los discursos que en  nombre de aymaras, quechuas y guaraníes  se hicieron después. 

La ley de participación popular, un proceso iniciado por la suma de ambas fuerzas políticas transformo la realidad del hombre boliviano en todo el territorio no solo ampliando competencias de municipios mediante un inédito crecimiento en los ingresos basados en la población,  sino iniciando la incorporación verdadera del hombre y la mujer del mundo rural, y sembrando las bases de la democracia local y de la planificación participativa, entre otros. 

Le habrán cambiado el nombre, pero al igual que tantas otras estructuras jurídicas rebautizadas en la forma la participación popular sigue intacta en el fondo y en la lógica de distribución de poder político y económico y mira, altiva,  los insultos histéricos de García Linera.  Contrastarla con  la “política” de  regado de canchas de césped de plástico y la construcción del museo más absurdo de América es una ofensa al sentido común.

Hoy, ante el inexorable vacío  de genuina actividad política que el populismo ha dejado y ante el despilfarro y corrupción en un contexto de crisis moral y de valores, urge reconstruir los cimientos de una suma que es exponencial, la de la legitimidad y dignidad del genuino Katarismo con el nacionalismo revolucionario, la única combinación posible para reivindicar la harmonía y la fraternidad entre mujeres y hombre ávidos de vivir en un paradigma eminentemente republicano pero global y  libertario.

La suma de ambas visiones aplicadas a políticas publicas concretas es la única esperanza de revertir, por ejemplo, la oscuridad de contrabando y narcotráfico en la que se ha sumido  a una gran parte del mundo rural y sub urbano y sustituirlo por un país de  productores, industriales y artesanos que produzcan para el mundo con licencias, tecnologías y dignidad. Es así mismo la última oportunidad para restituir la propiedad del agricultor en el altiplano y valles, propietario parcial de su tierra ya que no le puede dar un uso mercantil. 

Es, la perspectiva de construir un país donde el respeto al medio ambiente y la  diversidad ecológica no sea una farsa hipócrita sino una política pública concebida con respeto y soberanía, una nación en la que el sistema de Justicia inspire respeto y no escalofríos de desconfianza y miedo.  Es  la posibilidad de recuperar la identidad nacional y la república  y el largo plazo. 

Por una política integral del transporte

El confuso escenario del debate público nacional podría dar la apariencia de que en él se discuten  temas políticos ideológicos y sus correlatos prácticos o cuestiones centrales de la sociedad y su futuro. En realidad,  lo que más hay es una fatigante repetición de consignas de uno y otro lado casi siempre centradas en descalificar a  las personas y  el pasado individual y colectivo.

Esto limita las posibilidades de que el debate se concentre en temas concretos que estén desprovistos de tinte político y que visibilicen las consecuencias de las políticas públicas. Un caso manifiesto es el del transporte en todas sus dimensiones. Como pocos este sector es transversal a la economía pública y privada y a la existencia diaria de  todos los ciudadanos, donde quiera que vivan o trabajen.

No obstante, lo que rige es el caos. El ejecutivo instala teleféricos no solo sin licitación ni transparencia sino sin coordinación con las autoridades locales. Ofrece carreteras, trenes  rapidos y nuevos teleféricos en similares condiciones e insiste en una carretera por el TIPNIS independientemente de lo que opinen los que allí viven, o para ser preciso, quien sea. El alcalde paceño pone  en funcionamiento buses administrados por la comuna sin tomar en cuenta al gobierno central ni mucho menos a minibuseros y sindicatos de transporte contra los que libra una suerte de guerra de insultos más que un intercambio de ideas.

Propuestas elementales en las ciudades como “la prioridad a la derecha”(o a la izquierda), que los vehículos deben detenerse ante un peatón que cruza  o que existan horarios para la circulación de vehículos de carga o maquinaria pesada ni siquiera son objeto de intentos. En su lugar,  en La Paz son las muy simpáticas cebras, -pagadas con dinero público hace más de una década, las que se promueve a pesar de que no han cambiado un ápice a la cultura ciudadana o la seguridad de peatones o conductores

Policías, Cebras y Guardias municipales se disputan, como en un carnaval,  la farsa de intentar poner orden y existen quienes desde el municipio instigan al odio contra minibuseros y afines como si no tuvieran derecho al trabajo. Los transportistas pesados se enfrentan con la policía, los del transporte sindicalizado optan por los chicotazos, en el aeropuerto de Cochabamba hay una docena de aviones botados como chatarra, las cifras del teleférico son un secreto de estado y hay rompe muelles cada cien metros en algunas partes mientras que donde se necesitan no existen. Bocina y basura son lo único universal.

A nivel internacional los corredores transoceánicos que se proyectan no incluyen a Bolivia pese a su privilegiada posición geográfica pero como se trata de realidades  de largo plazo nadie se da por enterado, mucho menos el Sr Canciller, cabeza de una repartición publica que hace 10 años solo cosecha fracasos. Quizás entre las razones de este eventual y grave marginamiento  este que fue el presidente actual el que instituyó, legitimó y institucionalizó el salvaje bloqueo de carreteras como mecanismo de presión extorsiva de un grupo social hacia el resto de la sociedad al punto de que su legado incluirá aquello, que nada se puede obtener en Bolivia hablando, solo bloqueando.


Urge intentar despolitizar esta columna vertebral de la actividad económica y de la calidad de vida que es el transporte y formular y definir un conjunto de genuinas  políticas públicas, es decir iniciativas estudiadas, consultadas, planificadas y coordinadas. Sería una oportunidad para que el gobierno, por primera vez en más de diez años, intente fungir como tal, es decir poniendo de lado sus intereses políticos de corto plazo e invirtiendo en una estrategia de largo plazo con la nación, no el aplauso fácil,  en mente.