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lunes, 26 de abril de 2010

Rehenes del odio

Sin tomar en cuenta los intereses estratégicos, políticos, económicos y comerciales del país, ni la opinión de la mayoría de los bolivianos, históricamente amigos de los Estados Unidos, el Gobierno ha iniciado una espiral de confrontación internacional absurda. Es que el discurso etnopopulista no estaría completo sin una reiterativa y furibunda perorata antinorteamericana de esencia más patológica que ideológica.

Lo que Evo Morales finge no entender es que nadie discute el derecho de realizar protestas en contra de la política estadounidense, manifestaciones que se llevan a cabo en todo el mundo, incluyendo en su propio territorio. Lo que hace a los recientes incidentes inusuales es el apoyo del Gobierno de Bolivia a ataques de deliberada violencia y brutalidad, orquestados manipulando la miseria de los marchistas, con el preciso objetivo de exacerbar los ánimos y provocar confrontaciones, sancionado luego al Comandante de la Policía que cumplió honorable y eficazmente con el deber de proteger a funcionarios del ataque de una turba de exaltados y sacatripas.

¿Se puede imaginar el lector alguna bandera más adecuada al infinito cinismo y demagogia de estos populistas que muertos y heridos a raíz de esos ataques? Pues es exactamente lo que en octubre del 2003 Morales, Mamani, Quispe, entre otros, lograron con la parodia criminalmente embustera de oponerse a Chile y al supuesto plan de vender gas a través de sus puertos. Instigados entre muchos otros por Édgar Patana y Roberto de la Cruz, que ha sido filmado linchando a un hombre en El Alto y permanece absolutamente impune ante ese crimen y otras acusaciones, los ´héroes de octubre´ desataron una violencia descontrolada que enlutó a Bolivia y ahora exigen, con métodos similares, que quienes participaron en esos hechos del lado del Gobierno sean enjuiciados unilateralmente.

La frenética politización de la tragedia hace que sea difícil concebir que en el mediano plazo se pueda llevar a cabo una investigación y un juicio justo por los hechos de octubre, sobre todo si consideramos que, entre otras cosas, en este gobierno han ocurrido más de cien linchamientos que han contado con el tácito aval oficial, turbas oficialistas han atacado el Tribunal Constitucional a dinamitazos, y los jueces de la Corte Suprema y el Tribunal Constitucional, así como los miembros del Parlamento, han sido objeto de amenazas, amedrentamientos y acoso sistemático.

A casi 30 años de la crisis de los rehenes de la embajada norteamericana en Teherán, cuyo proceso empezó con manifestaciones comparables a la de junio en La Paz, y cuando del régimen de Evo Morales se afana en establecer vínculos con el fundamentalista Gobierno de Irán, es como para preguntarse si Washington definirá, esta vez, una política consistente para dar a conocer al mundo las amenazas de Hugo Chávez y su operador Evo Morales, activos protagonistas de una conspiración en contra de la libertad y la democracia en las Américas

domingo, 25 de abril de 2010

El gas se compra carajo !

La problemática de los hidrocarburos fue uno de los ejes del movimiento comunicacional, social y político que acabó derrocando a dos gobiernos constitucionales y sembrando el camino para la victoria del MAS. Un eventual recopilador de pronunciamientos, escritos, declaraciones, marchas y tomas de posición probablemente quedaría atónito. Que no se dijo y escribió para lapidar un proceso que, iniciado mediante la estabilización de la economía de 1985, tuvo en las leyes 1194, 1689, y en la capitalización social sus principales hitos. Reduciendo temas de intrincada complejidad técnica a meras consignas repetidas con una furia reiterativa propia de la ignorancia, se acabó por pintar un cuadro de una simplicidad tramposa, con actores y políticas o totalmente malos, o completamente buenos. Se lo sigue haciendo.

Logrado ese objetivo a nivel del debate publico, y luego de la renegociación de los contratos y de la compra de refinerías, la obstinada realidad es que, no existiendo una política de hidrocarburos basada en el raciocinio sino en la consigna, los marchistas que antes coreaban “¡el gas no se vende carajo!” ahora bien podrían gritar “¡el gas se compra carajo!” ¿A quién? ¡a los venezolanos! ¿Por cuánto? ¡Por tanto carajo! O algo por el estilo.

Por primera vez el país se verá en la situación de importar GLP, diesel oil, fuel oil e incluso gasolina, como consecuencia de la “política” de hidrocarburos del MAS cuya principal característica es, junto con el despilfarro, calumniar y amenazar primero, y exigir inversiones después a las mismas empresas y países que previamente se calificó de saqueadores, contrabandistas, estafadores, etc.

Lejos de reconocer algún grado de responsabilidad, el ministro del rubro, uno de los más connotados vociferadores en contra de las políticas anteriores, sigue atribuyéndole al neoliberalismo, a la capitalización y a quien fuere el desbarajuste que sus propias palabras y decisiones han causado. “Refundó” YPFB con bombos y platillos y no tuvo en cuenta, o pretende pasar por quien no tuvo en cuenta, que para el efecto se necesitaban millones de dólares y por lo menos algunos técnicos con alguna competencia adicional a la agilidad para subirse a un camión repartidor de garrafas.

Lo propio puede decirse de las agresivas afirmaciones del Ministro de Planificación quien, confrontado con el total escepticismo de los inversionistas brasileros a volver a considerar a Bolivia en sus planes, espetó que “nadie está obligado a invertir en Bolivia”, afirmación evidente pero desatinada, torpe y ridícula si tomamos en cuenta que con el 0,14 por ciento de la población mundial producimos el 0,02 por ciento de lo que el mundo.

martes, 7 de julio de 2009

El Espejo de Honduras

La prolongación de la crisis en Honduras, en gran medida debido a la combinación de alaridos chavistas, incluyendo la apelación al conflicto bélico, y la bizarra postura estadounidense, similar a la del neo fascista venezolano, calificando lo sucedido con términos que hubiésemos querido ver dirigidos a los mullahs iraníes, define un punto de inflexión en lo que hasta allí parecía la irrefrenable carrera de Chávez por someter a las democracias latinoamericanas bajo su férula, a punta de talegazos y esa mezcla de histrionismo demagógico y alevoso que se ha vuelto su sello.

Como desde antes de octubre de 2003 en Bolivia, donde su intromisión y financiamiento acabó derrocando a dos gobiernos constitucionales y enlutando a mas de 60 familias, en los hechos recientes en el Perú en los que el Chavismo acumuló más de 20 muertos, como en la larga lista de crímenes de las FARC y del FMLN, y los muertos en la propia Venezuela, en Honduras la sangre regada, - milagrosamente solo hubo dos muertos pese a los intentos de los seguidores de Zelaya de generarlos por decenas- así como el cuestionamiento a la soberanía y
constitucionalidad del país de Francisco Morazán y de Zelena Rodríguez, tiene un vinculo directo con la estrategia de subversión del orden democrático e institucional y el descarado y pérfido azuzamiento de las divisiones étnicas, políticas y sociales que a golpe de petrodólares y lavados cerebrales, siembra el locuaz Chávez ante la indiferencia de la mayoría de los gobiernos occidentales.

Honduras no obstante marcará un hito debido a la desigualdad de las fuerzas en cuestión. Como un David frente no a uno, sino varios Goliats, algo así como una versión moderna de los Paraguayos frente a la triple alianza, y pese haberse visto ante la necesidad de apelar a un cuestionable recurso de fuerza, los demócratas de Tegucigalpa han hecho pasar un poderosísimo mensaje a toda América y el mundo: “El voto popular no incluye una licencia para delinquir, y todo esfuerzo para gobernar por el bien común debe estar dentro del marco de la ley”. La surrealista imagen de un Presidente depuesto intentando vanamente aterrizar en su país, seguido por un avión con los apandillados presidentes de Argentina, Ecuador y Nicaragua, todos depositarios de los recursos que distribuye Chávez luego de sonsacárselos a los venezolanos, antes que tener la apariencia de un relato de García Márquez es la evidencia de la impotencia de la sin razón populista en un mundo que legítimamente busca soluciones a sus problemas de pobreza y exclusión.

Es también una oportunidad para quienes, directa o indirectamente, por acción u omisión, permitimos que en Bolivia avance la destrucción de la constitucionalidad y la democracia, realicemos una autocritica. Nada de lo que vivimos hoy, las más de 60 víctimas de la represión masista, la ofensiva en contra de las libertades y derechos, los cientos de casos de linchamientos, el exponencial aumento en la producción de cocaína, la degradación de la convivencia, el asedio al poder judicial, los atentados contra la libertad de prensa y de religión, la división y exacerbación de los corporativismo excluyentes y el resurgimiento de los odios de razas y clases hubiesen podido avanzar y hasta constitucionalizarse si en su momento quienes creemos en la democracia hacíamos oír nuestra voz.

jueves, 12 de marzo de 2009

Mugabe en los Andes

Mientras la globalización se consolida y la humanidad asimila las lecciones de la historia encaminándose, si no es al fin de las contradicciones por lo menos a síntesis en cada vez más áreas, hay países y presidentes que confirman que las reglas tienen excepciones. Las similitudes entre lo que de Zimbabue hizo Robert Mugabe y el destino al que parece encaminarse la Bolivia del populismo cocalero de Evo Morales lo prueban.

Como el africano, el boliviano llegó al poder rodeado de esperanza, tanto al interior como al exterior de su nación, producto de un sistema que luego se aplicó en destruir mediante la institucionalización del fraude y la distorsión grosera de los principios jurídico institucionales. En ambos casos se mantuvo, en apariencia, un sistema político democrático pero administrado con mecanismos de fraude y coerción electoral, así como mediante la persecución y hostigamiento de la oposición, el crimen político y la utilización de la turba como forma de terrorismo de Estado.

Aunque Mugabe, que ha sido comparado con Hugo Chávez, habiéndolo este último defendido públicamente varias veces, tiene estudios universitarios, formación de la que Morales carece, ambos iniciaron sus gestiones con campañas para erradicar el analfabetismo, objetivo que lograron parcialmente.

Así como Morales garantizó con vehemencia el respeto a la propiedad privada sólo para avasallarla justificando oficialmente los despojos con un cinismo inverosímil, Mugabe se comprometió a preservar las unidades agrícolas productivas pero, cuando el despilfarro en sus decisiones económicas obstaculizó continuar con la prebenda, sencillamente hizo asaltar las propiedades generando un éxodo masivo.

Como en Bolivia se expulsó a la DEA, en la ex Rhodesia se expulsó a observadores internacionales y a periodistas, a los que Mugabe calificaba en términos displicentes como su homólogo criollo. En materia económica, el discurso demagógico, y no la definición racional y responsable, se constituyeron en el eje de las decisiones adoptadas, lo que en Zimbabue acabó con la economía desatando una dantesca hiperinflación y que en Bolivia ha hecho que las inversiones se reduzcan prácticamente a cero en el 2008 y el poder adquisitivo real se reduzca, salvo entre quienes están ligados al circuito coca-cocaína, que es lo único que crece.

Donde las coincidencias completan un cuadro penoso es en la facilidad con la que las diferencias étnicas fueron utilizadas por ambos para reinar mediante la confrontación y el odio motivado racialmente, así como la forma en que se empezó a justificar el atropello, la maniobra vil, el consolidar engaños de tamaño cada vez más descomunal y el hilvanar con aires teatrales engañifa tras patraña, en una aparentemente infinita sucesión de imposturas.

Las justificaciones de los crímenes de Achacachi, del asalto a la familia y a la vivienda de un ex vicepresidente constitucional, un ciudadano y hombre de bien de la talla de Víctor Hugo Cárdenas y la indisimulada presión para que los senadores oficialistas retiren sus firmas de un informe sobre un caso de homicidio y corrupción, son sólo los tres ejemplos más recientes de que en Bolivia la infamia de Robert Mugabe ya tiene, en el Presidente y su suplente, émulos de muy parecidas características.