Mostrando entradas con la etiqueta Hugo Acha. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hugo Acha. Mostrar todas las entradas

lunes, 26 de abril de 2010

Izquierdos Humanos


Como con el abuso de las supuestas causas ´étnicas´, las tomas de posición de algunos ´defensores de los derechos humanos´ ilustran hasta dónde pueden llegar la procacidad y el uso instrumental de cruzadas en apariencia legítimas. La reacción del Gobierno boliviano a las preocupaciones de la Human Rights Foundation sobre la distorsión de la ´justicia comunitaria´, así como los casos de muertes no esclarecidas producto de la violencia estatal, no puede dejar de otra forma sino atónito.

Una organización que cuenta en su directorio a Premios Nobel, así como a diferentes personalidades mundiales sobresalientes, hizo públicas sus investigaciones sobre los linchamientos, y la ausencia de mención a los derechos humanos en el proyecto de Constitución masista, sólo para que el señor Sacha Llorenti espetara, sin tratar uno solo de los casos específicos, que se trata de ´una ONG de derecha porque uno de sus miembros es el hijo de Vargas Llosa´ (SIC), fiel al reflejo primitivo que consiste en no esgrimir argumentos racionales, sino descalificar a quienes los plantean, como si existiesen los derechos humanos en función de las posiciones ideológicas. Una curiosísima y acomodadiza perspectiva, según la cual los derechos de las gentes se definen en función de quien los viola y en la que se enarbola como descalificativo la filiación genealógica de un brillante ensayista e investigador, hijo de una de las grandes figuras de la literatura universal.

Hasta hace dos años, el señor Llorenti no se perdía ninguna aparición pública para denunciar sin ninguna clemencia por la objetividad, cuanto caso de aparente violación de los derechos humanos, siempre y cuando —está claro ahora—, le sirviera a sus fines políticos. Hoy, el viceministro de ´coordinación con movimientos sociales´, léase organizador de turbas y acciones de hecho, opera como detractor de quienes defienden los mismos derechos, encontrando mil vericuetos conceptuales y factuales para justificar muertos, heridos, linchados y acciones represivas en diferentes circunstancias, apelando con facilidad a categorías que antes ignoraba, como la ´agresión en contra de los policías´, la ´voluntad de sembrar muertos´, ´balas perdidas´ y ´la necesidad de respetar el orden público´, entre otras.

Dicha transformación confirma la prevalencia de hipocresía y ambigüedad en el escenario político boliviano, aspecto en el que está lejos de haber ocurrido algún cambio. Ya que, como lo señala H.C.F. Mansilla, éste es un espacio poblado por noveles ´actores políticos que no tienen inconveniente elogiar el cinismo, celebrar el \'todo vale\', postular la separación entre política y moral, equipar el talento con la astucia y otras lindezas que asociadas con las modas intelectuales, han preparado el actual clima de laxitud ética, irresponsabilidad colectiva y resentimientos que caracteriza nuestra cultura socio-política´.

martes, 21 de abril de 2009

Hacia un Estado Forajido

Según John Rawls “Estados forajidos” son aquellos cuyos gobiernos estructuran decisiones internas y externas sin ninguna consideración por los derechos humanos, donde la juricidad es una ficción unilateral y en los que la articulación ética que brindan la moral y las leyes a sido substituida por un comportamiento propio de bandidos que son integrantes aventajados de una cínica puesta en escena donde todo se finge y en la que a todo se responde con dosis de histrionismo inverosímil.

Desde 1982 el terrorismo existió en hechos en el Chapare donde, hay que recordarlo, murieron policías y miembros del ejército en cientos de casos y en hechos esporádicos, ligados a seudo ejércitos rojos que causaron mas pena que zozobra aunque si muertos y destrozos de diversa consideración. En Octubre de 2003 se dieron los primeros casos de terrorismo comunicacional como recurso político y en algunos, como el que protagonizó un comunicador hoy en día “expulsado” del alto por los que contribuyó a gestar políticamente, se cometieron delitos como cuando se anunciaba por televisión con criminal irresponsabilidad, que militares chilenos dirigían a sus pares bolivianos.

La reciente masacre de tres personas en Santa Cruz, asesinadas en un hotel en calzoncillos, y la descardada y grotesca pajarota comunicacional puesta en escena para justificarla, no es más que las ultima de una serie de hechos que confirman la deliberada vocación terrorista y forajida de un gobierno entre cuyos miembros destaca un terrorista convicto como García linera que no solo nunca expresó remordimiento por los crímenes de los que se le acusa, incluyendo la muerte de personas y el robo de dinero a mano armada, sino que en el parlamento boliviano declaró, con la mirada sicótica que lo ha vuelto una celebridad, que “los terroristas de hoy son los héroes del mañana“.

Los descontrolados improperios del Presidente del Congreso a los propios parlamentarios así como las amenazas que siguieron a dirigentes políticos regionales y al Presidente de la Human Rights Foundation el reconocido analista Hugo Achá no son más que la lógica consecuencia de la implementación de una premeditada política de terror físico, comunicacional y político en la que es imprescindible generar la percepción de un “conflicto permanente que sirva de cortina de humo para la corrupción y de biombo para los desaciertos”.

En la abigarrada idiosincrasia política boliviana hay quienes están convencidos que gobernar consiste en implementar recursos para la maniobra política vil, consolidar engaños de tamaño cada vez mas descomunal e hilvanar con aires teatrales engañifa tras patraña, en una infinita sucesión de imposturas. Lo que resulta paradójico es que en pleno siglo 21, cuando a pesar de toda la letanía de denuestos que se hace al desarrollo económico, y cultural de estos últimos años, la sociedad boliviana intenta modernizarse, estos recursos sigan siendo utilizados con razonable eficiencia para tratar de disimular el hecho de que este es un gobierno de forajidos que explota exitosamente el cultivo de coca excedentaria, el contrabando, las coimas en los contratos, el tráfico de influencias, el nepotismo, la incapacidad y la total falta de gestión social y económica.