Bolivia se encuentra hoy sumida
en la más profunda decadencia moral y ética. Bajo el régimen del MAS de Evo
Morales y sus secuaces, el país ha sido testigo de una escalada de corrupción,
violencia, abusos sexuales y narcotráfico, que ha destruido los valores más
básicos de nuestra sociedad. Lo que en su día fue una nación en busca de
justicia y equidad, hoy se ha convertido en un escenario de impunidad,
atropello, opresión, cinismo y muerte.
El propio Morales es ahora el
símbolo de la corrupción. Desde hace años que se comenta sobre sus preferencias
sexuales con menores de edad, un hecho que cualquier otra persona pagaría con
la cárcel. Morales, sin embargo, ha gozado de impunidad, protegido por el
aparato judicial que él mismo manipuló para sus intereses.
Este caso es solo la punta del
iceberg de una corrupción que ha podrido las entrañas del Estado. Entre 2016 y
2023, más de 2,500 casos de violación y abuso sexual fueron registrados, y una
gran parte de ellos quedaron impunes. La justicia en Bolivia es un fantasma, un
aparato zombi corroído por el MAS, que prioriza la protección de los suyos
antes que los derechos de las víctimas. ¿Dónde está la justicia para estas
mujeres y niñas? ¿Dónde está la ética en una sociedad que permite que estos
crímenes se multipliquen bajo la sombra de los poderosos?
Bolivia ha sido entregada en
bandeja de plata a los cárteles del narcotráfico. En 2021, el excomandante de
la Policía Nacional, Maximiliano Dávila, fue arrestado por sus vínculos con el
narcotráfico internacional, el caso más sonado de una larguísima lista de
autoridades vinculadas al narcotráfico, incluyendo militantes, dirigentes,
concejales, diputados, senadores, viceministros, ministros y autoridades
policiales y de justicia del MAS. La narcopolítica ha tomado el control del
Estado, mientras los ciudadanos honestos viven con miedo.
La violencia contra las mujeres y
los niños ha alcanzado niveles epidémicos. En 2023, más de 100 feminicidios
sacudieron la nación, y la respuesta del gobierno ha sido poco más que
discursos vacíos. El sistema judicial, completamente politizado y sumiso al
MAS, no puede garantizar justicia para las mujeres que mueren a manos de una
sociedad que las ignora.
Los niños tampoco han sido
inmunes a esta ola de decadencia. En 2022, más de 4,000 casos de abuso infantil
fueron registrados, la mayoría perpetrados por familiares cercanos. Pero en un
país donde la impunidad reina y el gobierno se preocupa más por proteger a sus
cómplices que por hacer cumplir la ley, estos crímenes han sido
sistemáticamente ignorados.
El saqueo al Estado es otra marca
indeleble de la gestión masista. Desde 2006 hasta 2024, varios casos de
corrupción económica y saqueo al Estado marcaron la gestión. Desde el “Fondo Indígena” hasta el “Evo
cumple”, se desviaron millones de bolivianos destinados a proyectos sociales
para comunidades indígenas entre 2010 y 2015, afectando a cientos de
comunidades que nunca recibieron los beneficios prometidos sino sobreprecios,
obras fantasmas y una gestión opaca de los recursos.
El desastre ecológico también ha
sido una constante bajo la administración del MAS. Los incendios provocados que
devastaron la Chiquitanía en 2019 y de nuevo en 2024 son una muestra más de la
indiferencia criminal del gobierno. Más de cuatro millones de hectáreas de
bosque fueron consumidas por el fuego, destruyendo la vida de comunidades
indígenas y poniendo en peligro la biodiversidad del país. ¿Y qué hizo el
gobierno? Nada. Los responsables quedaron impunes, mientras el gobierno
continuaba con su agenda de expansión agrícola sin freno ni conciencia
ambiental.
Bolivia no puede continuar en
este estado de decadencia. Se necesita una revolución ética y moral que
devuelva a la nación sus valores fundamentales. El primer paso es una reforma
integral del sistema judicial, para que la justicia deje de ser una herramienta
al servicio del poder y se convierta en lo que debería ser: un escudo para los
más débiles y una espada contra los corruptos.
Es imperativo también que se
implementen políticas reales de protección para las víctimas de violencia, que
se depure a las fuerzas de seguridad de los elementos corruptos y que se tomen
medidas drásticas contra el narcotráfico y la corrupción. Solo un compromiso
firme con la justicia, la transparencia y el respeto por la dignidad humana
podrá salvar a Bolivia de esta catástrofe.
El MAS, con Evo Morales a la
cabeza, ha traicionado a su pueblo. Bolivia merece algo mejor. Necesitamos una
nueva era de integridad y decencia, una era en la que el gobierno sirva al
pueblo, y no se sirva de él.
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